Nadal embiste da miedo en Wimbledon

El número dos despacha al ruso (6-1, 6-4 y 7-6, en 2h 15m) e ingresa en la segunda semana sin ceder un solo set, la segunda vez en Londres. Se enfrentará al luxemburgués Müller, su verdugo hace 12 años.


La esperanza le duró a Karen Khachanov, prometedor jugador ruso, exactamente 22 minutos. Es decir, el tiempo que empleó Rafael Nadal en cerrar el primer set y negar cualquier otra opción porque, ya se sabe, Nadal, el monstruo, 1-0 arriba, a cinco sets… Demasiado, y más ahora que el mallorquín ha recobrado el esplendor y progresa como una locomotora, a todo trapo, echando humo y despejando el paso con una facilidad insultante, intimidatoria, tan imponente que alcanza ya ese punto en el que se agiganta y da miedo, mucho miedo.

Resolvió el balear su tercer compromiso con la suficiencia de las dos jornadas anteriores. En esta ocasión, 6-1, 6-4 y 7-6 (en 2h 15m). Inapelable, por mucho que luego él, en la intimidad con los periodistas, pueda ponerse algún pero. Siempre lo hace Nadal y eso, lo que él llama “la duda”, es lo que le hace día a día grande, lo que le hace crecer y jugar cada punto como si fuera el último y como si delante estuviera Roger Federer y no un jovenzuelo que, a sus 21 añitos, tiene formas y tenis. Pero… Lo dicho: Nadal, Rafael Nadal. El Nadal que conforme va cogiendo ritmo se transforma en una pesadilla.

Los torneos también se dividen en estaciones, y al español el veranillo que se ha instalado en Londres estos días le está sentando de maravilla. Decía el protagonista que lo importante este año, aquí, era superar la fase invernal, los tres primeros partidos imprevisibles en los que se puede producir el resbalón, y que “a partir de ahí pueda pasar cualquier cosa”. Encubre el mensaje, en cierta manera, lo que verdaderamente hay detrás de la dialéctica: Nadal, ahora sí, se ve con opciones de todo. ¿Puede caer? Sí, por supuesto, pero del mismo modo puede levantar su tercer trofeo en La Catedral. Así de claras están las cosas.

Adaptado ya plenamente al césped y acoplados los mecanismos –saque y volea, servicio, la flexión de piernas y el juego en la red–, Nadal aterrizará en la segunda semana del torneo en la dinámica óptima. Tres desfiles contundentes contra John Millman, Donald Young y en última instancia Khachanov. Demostró el jugador ruso muy buenas maneras, la pegada de la que se habla y promete, pero delante tenía una quimera. Nadal, a las bravas desde la salida, impuso rápidamente su voluntad de cerrar sin apuros la historia para acceder a los octavos de Wimbledon por la puerta grande.

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