Los “chanchullos” que manchan al fútbol

Río de Janeiro – Tres años después de la humillante derrota por 7-1 ante Alemania, el Brasil de Neymar fue el primer equipo en clasificarse en el terreno de juego a la Copa Mundial.

Pero el éxito del fútbol va acompañado por nuevas revelaciones del alcance de la corrupción en las estructuras del deporte brasileño y sus organismos rectores.

Confesiones de personas que se declararon culpables de haber cometido irregularidades y que están colaborando con las autoridades sacan a la luz sobornos astronómicos relacionados con la Copa Mundial del 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro del año pasado, así como detalles de los manejos de los ejecutivos de Odebrecht, la empresa constructora que es epicentro de un monumental escándalo de corrupción.

“La gente tiene mucha capacidad de resistencia y los aficionados más leales no se inmutan”, comentó a la Associated Press el historiador David Goldblatt. “Pero creo que hay muchos aficionados que ya no le tienen tanto cariño al deporte. Saben que, en lugar de mostrar lo mejor que tiene Brasil, a veces muestra lo peor”.

Testimonios indican que hubo chanchullos en la construcción de al menos seis de los 12 estadios empleados en la Copa Mundial. El ex vicepresidente de Odebrecht Benedicto Barbosa da Silva declaró que la compañía no quería involucrarse en los estadios de la Copa Mundial porque estaba segura de que pasarían a ser “elefantes flancos”.

Muchos lo son, incluidos los estadios de Brasilia, Manaos, Cuiabá, Natal y Recife. El de Brasilia fue usado como una terminal de autobuses.

La FIFA exigió solo ocho estadios, pero los políticos, las empresas de construcción y las autoridades deportivas pidieron emplear más.

La FIFA y el Comité Olímpico Internacional dicen que las obras de construcción quedan en manos de los organizadores locales, quienes deben satisfacer una cantidad de requisitos.

“Hay cada vez más jóvenes educados, que saben de computadoras y de las redes sociales, que pasan por apuros y no se dejan llevar por el fútbol, que ya no se creen el mito del deporte”, afirmó Goldblatt, autor de “La pelota es redonda: Una historia global del fútbol” y “Nación de futebol”.

En Río de Janeiro, el ex alcalde Eduardo Paes fue el principal promotor de los Juegos Olímpicos del año pasado. Ahora está siendo investigado bajo sospecha de haber recibido el equivalente a 5 millones de dólares para impulsar obras de construcción relacionadas con los juegos.

En diciembre Paes dejó inesperadamente en suspenso un compromiso para enseñar en la Columbia University de Nueva York luego de que un tribunal congeló sus bienes mientras las autoridades investigan si manipuló las reglas sobre el medio ambiente para favorecer a un millonario que estuvo a cargo de construir el campo de golf olímpico. Paes niega todas las acusaciones de irregularidades.

Sergio Cabral, exgobernador del estado de Río de Janeiro y otro que apoyó desde un comienzo los Juegos, está encarcelado, acusado de corrupción, a la espera de un juicio.

“Los problemas de Brasil con estas dos justas hacen que la gente quiera ver los grandes eventos deportivos, como los olímpicos y la Copa Mundial, pero nadie quiere organizarlos”, manifestó a la AP Jules Boykoff, profesor de política en el deporte en la Universidad del Pacífico.

Al COI le quedan dos aspirantes a los juegos olímpicos del 2024, París y Los Ángeles. Los crecientes costos hacen que cada vez haya menos aspirantes a la sede, y quienes se postulan a veces no son necesariamente las ciudades grandes que preferiría el COI.

Boykoff, un ex futbolista profesional, dijo que los mundiales y los Juegos Olímpicos siguen siendo importantes porque “inspiran a los deportistas”. Pero muchos atletas han visto empañada su imagen por dopajes y por sus manejos financieros.

Neymar será juzgado en España por corrupción en conexión con su pase al Barcelona hace cuatro años. Podría ser condenado a dos años de cárcel, pero lo más probable es que, en el peor de los casos, le den una condena en suspenso y una multa de unos 10 millones de dólares.

Buena parte de la corrupción se ha centrado en las poderosas federaciones que gobiernan el fútbol, la natación y el vóleibol, entre otros deportes.

El ex presidente de la Confederación Acuática Coaracy Nunes fue detenido este mes bajo sospecha de desfalco de fondos públicos. Brasil no ganó una sola medalla en las piscinas de los Juegos de Río y la policía afirma que los 15 millones de dólares asignados a la promoción de nadadores fueron a los bolsillos de Nunes y otros funcionarios.

Se investiga asimismo la forma en que la Confederación de Vóleibol asignó contratos millonarios. Y el ex presidente de la Confederación de Fútbol José María Marín espera juicio en Estados Unidos en relación con el escándalo de corrupción de la FIFA. El actual presidente de la Confederación Marco Polo del Nero y otro ex presidente, Ricardo Teixeira, están buscados también y no salen del país por temor a ser detenidos.

“Si Brasil gana la Copa Mundial, ningún aficionado se va a lamentar de que tengamos estructuras de gobierno corruptas”, aseguró Nigel Currie, consultor de patrocinios deportivos basado en Londres. “A la mayoría de los aficionados eso no les importa”.

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