Dos barras y un camino

Por: Gabriela Vélez Bermello/LD


Es como cuando dos hermanos disputan el amor de una mujer, cada uno cree que la ama más que el otro. Así pasa entre la Barra del Perro Muerto y la Banda Cetácea, dos grupos de hinchas que tratan de demostrar el cariño a Delfín, equipo que los hace suspirar en la Serie A del fútbol ecuatoriano.

Los atributos que tiene actualmente el cuadro cetáceo seducen a cualquiera. El estadio Jocay,  de la ciudad de Manta, es su fortín, donde se ha hecho duro de local, consiguiendo ahí 23 de 27 puntos, durante las 18 fechas jugadas.

En la actualidad el Ídolo del Puerto manabita tiene 38 unidades y lidera la tabla, pasando de ser un equipo denominado como de provincia, a estar en boca del periodismo deportivo internacional.

Por lo general he mirado los cotejos de local en la General Sur, la más nueva de las localidades y donde la prensa improvisa con carpas un lugar para poder transmitir los partidos. Ahí el valor de la entrada es de dos dólares más, a diferencia de la Norte, valorada en tres y es ahí precisamente el lugar de cita para ambas barras. Pasan juntas, pero no revueltas.

El tema de la Preferencia y la Tribuna, es otro cuento, la primera área tuvo que ser demolida y otra, por su aparente mal estado, no se habilitó, todo esto luego del terremoto del 16 de abril del 2016 y, bueno, el dinero para la reconstrucción al parecer llegará a paso de tortuga.

El día que vi un poco unida a estas hinchadas, no fue precisamente en el estadio Jocay, sino horas antes del partido contra Deportivo Cuenca, aquel 21 de mayo pasado, justo la fecha que había decido estar con ellas, desde la General Norte.

Toda esa semana la dirigencia delfinista, precedida por el economista José Delgado, había anunciado la Caminata Cetácea. La marcha inició desde el parque Cristo Rey y desde las 09h00 congregó a personas que vestían los colores amarillo y azul del equipo. Incluso, un día antes, en la cuenta de Twitter de Delfín colocaron parte de la rueda de prensa anunciando este hecho. Allí, Jacinto Briones, líder de la Barra del Perro Muerto y Alex Espinal, dirigente de la Banda Cetácea invitaron a la afición al encuentro y, este último denominó al otro grupo como “barra hermana”.

El día de la caminata ambos se encontraron. Fueron hasta el estadio Jocay y allá cada quien ocupó su lugar: El Perro Muerto se situó en medio y parte superior de la General Norte, mientras que la Banda Cetácea se puso a mano derecha, pero a un par de metros de distancia y varias gradas más abajo.

La fiesta se encendía con bombos, globos alusivos a los colores del equipo, palmadas, chiflidos, vuvuzelas y cánticos, entre uno de ellos, “Solo le Pido a Dios” del cantautor argentino León Gieco, con la letra cambiada los del Perro Muerto alzaban sus voces: “Sólo le pido a Dios, que Delfín no se vaya de mi mente, que la barra del Perro Muerto está presente y que sepa que lo quiero hasta la muerte”, así una y otra vez y cada vez más alto lo coreaban.

Pasaban los minutos antes de iniciar el cotejo y estos eufóricos hinchas se acicalaban y volvían a entonar otra: “Olé, olé, olé…; olé, olé, oléo, ola…; Olé, olé, olé cada día te quiero más. Soy delfinista, que mis sentimientos no puedo parar”.

De esta forma, como enamorado esperando a la novia, los del Perro Muerto sacan un perro blanco de peluche, antes era un perro muerto real, aquel que disecado o en descomposición era flameado por sus integrantes, ahora por temas de higiene y de protección animal ya no es permitido.

El peluche es lanzado de un lado a otro mientras niños, jóvenes y adultos disfrutan de esa tradición. Y es Manuel Domínguez, un señor moreno, corpulento y de bigotes, quien con voz ronca va diciendo: “échale, échale, échale”, refriéndose a que el peluche debe pasar a otras manos.

La barra del Perro Muerto tiene 30 años de fundación. Conoció a Delfín, cuando su nombre no era ese, sino Club Deportivo 9 de Octubre, luego 9 Delfín y después, en 1989 el club fue denominado Delfín Sporting Club y desde aquella fecha hasta acá tiene 28 años.

Mientras miro el ánimo de los aficionados converso con Jacinto Briones, principal del Perro Muerto, un hombre de ojos grandes, piel morena, quien como buen líder estaba pendiente de que el resto de integrantes se unan al grupo, en la parte central.

“Delfín me emociona y me motiva siempre a seguirlo”, me dice con tono ansioso, pues eran casi las 11 y faltaba una hora para mirar a su Delfín y cada vez que hablaba sobre el sentimiento que tiene por el club, su ceño se fruncía, como reafirmando convencido de que este equipo es su ídolo por siempre.

Sobre su “barra hermana”, la Banda Cetácea, indicó que el presidente de allá fue integrante de ellos y que es como una nueva generación. “Caminamos por el mismo camino”, aseguró Briones. Además, señaló que son aproximadamente 350 socios de la barra, pero que, así como va el equipo, le gustaría tener a una hinchada grande como la de Emelec o Barcelona.

Dentro de su organización tienen pactado reunirse ciertos días de la semana, pero cada vez que el equipo juega de visitante ellos se concentran en el parque El Pescador de Tarqui para desde ahí viajar en 4 o 5 buses, dependiendo la asistencia de personas.

Entre el sudor, el olor de cigarrillo y el humo que se disemina en el aire diviso a varias mujeres que también forman parte de esta barra, entre ellas está Johanna Macías, una de las más antiguas en el grupo, es muy querida por sus amigos porque si es de viajar y hacer comida para el grupo, ella es la indicada.

“Mi pasión por Delfín inició desde pequeña, me traía mi papá y mi mamá. Esto va de generación en generación y hasta la muerte. No puedo faltar a ningún partido porque si lo hago me pongo triste”, dice Johanna mientras sincroniza sus palmadas al son de canciones de la hinchada.

Cada aficionado tiene su historia, como el caso de Miguel Flores Cruzatty, quien tiene más de 20 años unido al equipo, a él lo conocen como “El Chori” o “Perro Muerto”, justo en la General Norte está él y luce un overol blanco con pintas negras y varias tiras colgadas de los colores azul y amarillo del Delfín, además un sombrero negro y gafas grises. Ese es uno de los 25 trajes que tiene y que han sido auspiciados, según él, por amistades.

La gente recuerda de “El Chori”, aquel 6 de diciembre de 1998 cuando Delfín recibió a Emelec, equipo donde Jaime Iván Kaviedes estableció un record de goles. Ese día “El Chori” saltó a la cancha flameando un perro muerto, fue a la cárcel por ese acto. “16 días estuve en encerrado, pero atento a lo que le sucedía al equipo”, dijo el seguidor delfinista, quien conserva una fotografía que le tomaron en esa fecha, justo mientras levantaba con el brazo derecho al animal.

Terminamos de conversar y “El Chori” se incorpora a la barra, lo observo pensando que él sabe lo que es enamorarse de las virtudes y defectos de un equipo porque lo conoce desde sus inicios, desde lo más bajo de las categorías del fútbol ecuatoriano; hago una visión panorámica para detectar que la localidad ya está casi llena, me dirijo cautelosamente al sector de la Banda Cetácea, con la intensión de que los celos no afloren en su “barra hermana”.

En ese extremo noto como los del Perro Muerto se mueven al ritmo del coro de la canción Senderito del Alma de Lizandro Meza, con letras sobre Delfín: “Campeón, vamos, vamos cetáceos que hoy quiero verte campeón, por ti yo daría la vida, los 90 minutos, pero de corazón”. Dicho por muchos hinchas, esta frase de la canción les robó lágrimas el día que Delfín quedó campeón en la Serie B, en Quevedo.

Por su parte, con menos hinchas está la joven Banda Cetácea, que en agosto cumple 4 años de fundación, tiene aproximadamente 100 socios y cuenta con filiales en sectores como: Altamira, 15 de Abril, Urbirríos, La Florita, Adixion (7 puñaladas) y en el cantón Montecristi, por eso en los alrededores de su escuadra están las bandereas con los nombres de estos lugares.

Al igual que con El Perro Muerto, la dirigencia del club los apoya con algo económico para que puedan realizar los viajes cuando el equipo juega de visita.

Alex Espinal, también conocido como “Payaso”, explica que de la barra del Perro Muerto se separó porque quieren hacer algo nuevo. “Queremos hacer algo diferente en cuanto a barrismo como tal y como las grandes barras del Ecuador, pero con la misma consigna de siempre, alentar al equipo”, enfatizó el joven de sonrisa amplia y ojos achinados.

Este grupo tiene canciones inéditas que los identifican como barra y mediante autogestión, hasta el momento, cuentan con tres bombos de murgas, tres zurdos, cuatro redoblantes y dos repiques, algunos de estos instrumentos han sido comprados en Argentina.

Entre sus cantos está: “Somos de la ciudad de Manta, pueblo de aguante y carnaval, la Banda que siempre a ti te alienta, nunca te vamos abandonar. Dale, dale cetáceo (2bis), si vas bien o si vas mal, de visitante o de local esta banda nunca te va abandonar”.

Ya con la Policía cerca de las rejas de la bandeja Norte, listos para mantener el orden de los afanados hinchas a quienes el canicular sol, literalmente, los cocina, comienzan a ingresar los equipos al gramado.

La Banda Cetácea flamea su trapo (bandera) que los identifica como barra. Espinel, quien ha dicho que las puertas de la barra están abiertas para todos los hinchas de corazón, se alista para observar un encuentro más de Delfín.

Como todo un ritual, tres horas antes de cada cotejo, la Banda Cetácea se reúne lejos del estadio para organizarse y designar tareas a los integrantes, además, cada mes se convocan en el barrio Altamira para planificar proyectos.

Inicia el partido entre Delfín y Deportivo Cuenca y la algarabía está al tope, ahí, en el estadio y en la General Norte se viven una serie de sentimientos, por ahí unos gritan, se empujan, riegan agua, cantan, levantan los brazos, se ponen las manos en la cabeza, se frotan las manos y hay unos cuantos quietos, que parecen que ni pestañaran por estar pendientes a cada acción del cotejo.

Si hay algo que destacar en estas hinchadas es la lealtad de la mayor parte de sus integrantes, son pocos, pero fieles aunque, como en todo amor, hay unos cuantos que suelen dividir sentimientos a otros equipos como Barcelona y Emelec, sin embargo, es algo que las dirigencias de las barras quieren erradicar.

Luego de cambiarme varias veces de puesto para percibir esos estados de ánimos, miro al aguatero al que le quedan pocas botellas y a la señora de los helados que en una esquina sonríe al terminar todos sus productos y digo a mis adentros – el Delfín es un negocio redondo también para ellos-.

El encuentro mantuvo expectante a los aficionados que veían empatado el marcador a cero y en los últimos minutos un par de aficionados se fueron, mientras otros le gritaban: “no se vayan, la fe es a hasta lo último”, esas personas no hicieron caso y se retiraron; dos minutos después, a los 88 llegó el gol cetáceo por medio de Bryan Oña y el grito de gol se destapó. El marcador final 1-0 a favor de Delfín. La ilusión y la felicidad se desbordaba por un equipo que promete mucho.

Llegando a casa recibo una llamada de uno de los hinchas dándome la querella de que ambas bandas se pelearon afuera del estadio.

Como si el uno hubiera hecho más méritos que el otro para tener su amor, Delfín roba corazones y ahora es de esos equipos que en los últimos minutos puede causarle un infarto a cualquiera. Unas fechas atrás, y de nuevo en el Jocay, estaba empatado 1-1 contra Independiente, equipo que lo asecha en la tabla y justo al minuto 90 el árbitro dictaminó un penal a favor de los cetáceos. Carlos Garcés, tras poner el balón en el punto de cobro le dio el triunfo de 2-1 a Delfín. Locura total en su recinto.

En el club, los jugadores entienden lo que el escritor Eduardo Galeano dijo en su momento: “jugar sin hinchada es como bailar sin música”, para este cotejo ambas barras habían hecho las paces, disfrutaron con los futbolistas que se aceraban a la localidad a festejar la victoria.

Ahora Delfín atraviesa una prueba de fuego, le quedan cuatro fechas para que termine la primera etapa y lo asechan Independiente del Valle, Barcelona y Emelec, los cetáceos necesitan seguir ganado y requieren del apoyo de jugador número doce: la hinchada.

 

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